7 de abril de 2013

Capítulo 50: "Sólo puedo decirte que es un imbécil que no lo vale"

Una rápida entrada al Express Mart y me di cuenta de que Nicolle ya no estaba allí, tampoco era que había puesto todas mis esperanzas en encontrarla en ese lugar, pero no pude evitar sentirme decepcionado y desesperado. ¿Dónde podía estar? Regresé al carro y comencé a avanzar por las calles cercanas, estaba a pie no podía estar lejos, intenté volver a llamarla y nuevamente pasó a buzón. Las calles estaban casi solitarias, hace tiempo no llovía en Los Ángeles, y parecía que la gente prefería que fuera así pues muy pocas personas se encontraban fuera.
Manejaba despacio, concentrándome en cada persona que veía, intentando distinguir a través de la lluvia si eran Nicolle. Una chica caminando sola en la lluvia llamó mi atención, necesité solo un instante para reconocerla. Joder, esto parecía una maldita película para chicas
-¡Nicolle!- grité aparcando el carro y bajándome. Ella se dio la vuelta despacio, pasé mis brazos alrededor de ella y la estreché fuerte contra mí, me separé y tomé su rostro entre mis manos para observarla completamente- ¿Estás bien?- ella solo me miró- ¿Por qué no llamaste? ¡Estábamos preocupados!
-Lo siento, solo quería alejarme de todo un momento- se encogió de hombros.
Su voz sonaba rota, la detallé mejor, estaba lavada de pies a cabeza pero aun así pude notar que su nariz y sus ojos estaban rojos, mierda, había estado llorando.
-¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?- le pregunté, sus ojos inmediatamente se cristalizaron y negó con la cabeza. La acerqué nuevamente y ella escondió su cara en mi pecho. La abracé un momento, deposité un beso en su frente y la alejé- Ven, no quiero que te resfríes.
Guie a Nicolle de vuelta al carro, le abrí la puerta del pasajero para que entrara, y luego rodee el carro para entrar por la puerta del conductor. Saqué mi teléfono para avisarle a Justin que ya había encontrado a su hermana, después de enviarle el mensaje lo volví a guardar.
-¿Puedo pedirte un favor?- preguntó apenas encendí el carro- ¿Podríamos ir a otro lugar que no sea mi casa?
Me gire un poco para mirarla, pero ella solo miraba por la ventana.
-¿Por qué no quieres ir a tu casa?- permaneció en silencio-  Nicolle tus hermanos están preocupados
-Por favor- susurró esta vez mirándome.
-Nicolle…- abrió la puerta del carro- ¡Espera! ¿Qué haces?
-No quiero ir a casa- repitió. La halé del saco y la regresé a la silla. Me estiré sobre ella para cerrar la puerta.
-De acuerdo, a tu casa no- suspiré, ¿y ahora? La llevaría a mi casa, necesitaba ropa seca, luego podría averiguar qué había pasado y decidir qué hacer.
-¿Por qué estabas en la calle mojándote? – pregunté
-Intentaba encontrar un taxi- regresó su vista a la ventana. Eso fue lo único que hablamos en el camino.
NARRA NICOLLE
Había caminado durante dos horas más o menos, quizás un poco más y antes de darme cuenta, comenzó a llover más fuerte, las gotas se volvieron más constantes y gruesas. En otro momento me hubiera encantado, ¿hace cuánto no sentía la lluvia sobre mí? Pero ahora no, no podía pensar en nada que no fuera Sebastián. Todavía no lo creía, una parte de mí esperaba despertarme de esta pesadilla, pero la otra estaba segura de que eso no pasaría. Entré a la primera tienda que encontré a esperar que parara de llover, pero cuando me di cuenta de que parecía que nunca iba a acabar decidí salir a buscar un taxi. Quizás Sarah me dejara dormir en su casa esta noche, no quería ir a mi habitación y encontrarme con todos los regalos que Sebastián me había dado.
-¡Nicolle!- escuché que me llamaron, me di la vuelta para encontrarme con Zac, lo miré, estaba empapado, igual que yo, no llevaba sombrilla, ni siquiera chaqueta, sólo estaba en camisa, su carro estaba parqueado a un lado de la calle. En cuanto me vio me abrazó, no le correspondí el abrazo, me sentía aturdida. Después de un rato se separó un poco de mí y tomo mi cara entre sus manos, sus ojos grises estaban llenos de preocupación - ¿Estás bien? ¿Por qué no llamaste? ¡Estábamos preocupados!
Respondí sus preguntas y dejé que me guiara a su carro, pude notar la ansiedad presente en cada movimiento de Zac, y ésta aumento cuando le pedí que no me llevara a casa.

Durante todo el camino me miró de reojo, a veces abría la boca como si fuera a decir algo, pero parecía pensárselo mejor y volvía a cerrarla. Me quedé contemplando las calles, sorprendiéndome de lo diferente que se veía todo sin el sol resplandeciente de siempre. A los veinte minutos Zac se detuvo frente a una casa blanca, con un gran jardín en la parte delantera.
-Mi casa- murmuró antes de bajarse y darle la vuelta al carro para ayudarme a salir.
Pasó su brazo sobre mis hombros y me acercó a él, haciendo que ambos avanzáramos rápidamente debajo de la lluvia hasta llegar a la seguridad del porche.
-Entra- abrió la puerta como pudo sin soltarme.
Una vez dentro, se separó de mí, me hizo falta su calor, su cercanía y sentí que volvería a llorar en cualquier momento. Miré a mí alrededor, la casa era bastante acogedora y se encontraba en total silencio, me di la vuelta para mirarlo. Tenía una mano en su cabella, se notaba perplejo.
-Supongo que querrás ducharte con agua caliente, te conseguiré algo de ropa seca. Deberías llamar a tus hermanos, y decirles que estás bien- asentí abrazándome el cuerpo, ahora que no estaba debajo de la llovía era consiente de mi ropa mojada pegada a mi cuerpo.
-Gracias- la garganta me dolía
Zac me condujo al segundo piso y me llevó a su habitación; una cama doble pegada a la pared de la derecha, un ventanal al fondo, un televisor con una consola de videojuegos, escritorio, biblioteca y un armario. Todo parecía estar en su lugar, no había ropa tirada en el piso ni la cama sin hacer. Me giré cuando entró nuevamente a la habitación, traía ropa y una toalla en las manos, me las tendió.
-Es ropa de mamá, quizás te quede un poco grande- me regaló una sonrisa de disculpa- puedes ducharte en mi baño, yo lo haré en el otro – asentí, Zac me miró fijamente con preocupación, se acercó a mí, me acarició delicadamente la mejilla y desapareció por la puerta.
Intenté moverme rápido, para no pensar en nada que no fuera lo que estaba haciendo, no quería volver a derrumbarme aún. Entré al baño que había señalado Zac y abrí la llave de agua caliente. Mientras esta calentaba, con dificultad me quité toda la ropa que tenía, la escurrí un poco para no mojar todo y enrollé la toalla que me había dado Zac alrededor de mi cuerpo. El contacto con piso frio hizo que me recorriera un escalofrío, el vapor comenzó a llenar el baño poco a poco impidiéndome ver mi reflejo en el espejo. Acerqué mi mano al agua para comprobar su temperatura, me pareció lo suficientemente caliente, por lo que me quité la toalla y me metí.
Me coloqué debajo del chorro, esperando que el agua me calentara el cuerpo y pudiera dejar de tiritar. Poco a poco deje de temblar, pero el frio seguía allí, parecía que fuera por dentro. Mis pensamientos se desviaban una y otra vez a mi conversación con Sebastián por más que intentara pensar en otra cosa, algunas lágrimas solitarias resbalaron por mis mejillas mezclándose con el agua de la ducha.
NARRA ZAC
No quería dejar a Nicolle sola, pero tampoco tenía idea de que hacer. Le entregué ropa de mama y una toalla y la dejé en mi habitación. Esperé a escuchar el sonido de la ducha y llamé a Justin.
-Zac- contestó, toda la tensión que había escuchado en su voz la última vez que habíamos hablado había desaparecido
-Tenemos un problema- era mejor ser directo
-¿Qué pasa?- y ahora había vuelto
-Tu hermana no quiere ir a tu casa-
-¿Qué? ¿Por qué no quiere venir?-
-No lo sé, prácticamente no me ha dicho nada desde que la encontré-
-Pásamela-
-Se está duchando, estaba lavada de pies a cabeza. Va a llamarte cuando salga, pero pensé que era mejor que supieras que no quiere hablar de lo que sea que le haya pasado. Lo mencioné y casi vuelve a llorar- me sentía preocupado por ella, ¿qué mierda había pasado? Ayer se había enterado de lo de Roxanne, pero, ¿y hoy?
-¿Entonces? ¿Qué vamos a hacer?- abrí la ducha para esperar que ésta se calentara
-No lo sé, intentaré hablar con ella y convencerla para que me deje llevarla, pero si no funciona- ahora venía la parte difícil -¿te molesta que se quede aquí?
-¡¿Qué si me molesta?! ¡Claro!- estalló Justin. ¿Por qué tenía que ser tan celoso?
-Vamos Justin, me entenderás cuando hables con ella- no es como si yo fuera un desconocido para él
-Sólo si prometes que no la vas a tocar. No le harás nada, es una niña- puse los ojos en blanco
-Primero no es una niña, y segundo, ¡claro que no la voy a tocar! Acaba de terminar con su novio, eso sería aprovecharme de ella- ¿es que no lo veía?
-Tócala y estas muerto, ¿entendido?-
-Entendido-
Colgué ante de que se arrepintiera, me terminé de desvestir y me metí a la ducha. Me demoré lo mínimo necesario, salí y envolví una toalla en mi cintura. Sequé un poco mi cabello con otra toalla y me dirigí a mi habitación. Me encontré a Nicolle cambiada mirando la lluvia por la ventana, estaba hablando por teléfono, hablaba en español así que no era difícil averiguar con quien hablaba. Me quedé mirándola, el pantalón que le había pasado le quedaba un poco suelto, y la camiseta la quedaba larga, estaba descalza, su cabello húmedo estaba más ondulado que de costumbre y lo tenía todo a un lado.
Se dio la vuelta y se calló al verme, noté un leve sonrojo en sus mejillas cuando sus ojos se dirigieron a mi torso descubierto, sonreí levemente. Nicolle tartamudeó y se despidió de su hermano, su mirada se quedó en el suelo.
-No encontré el secador- murmuró aun sin mirarme
-Yo no tengo, en el baño de mamá hay- asintió y salió de la habitación.
Me reí y me coloqué ropa seca. Miré la hora, eran las 7 pasadas, pero parecía más tarde, el cielo estaba completamente oscuro y aun llovía. Escuché a Nicolle entrar y me di la vuelta, su cabello no estaba completamente seco, pero ya no escurría agua. Un escalofrió la recorrió y fruncí el ceño.
-¿Quieres un saco?- le pregunté acercándome.
Ella asintió y mi fruncida de ceño aumento, ¿Qué había pasado? Nunca había visto a Nicolle así y eso me preocupaba más allá de lo imaginable, quería que me dijera algo, ¿por qué no lo hacía? Le di la espalda mientras rebuscaba en mi armario hasta encontrar un saco gris cerrado, era grueso, lo suficiente para calentarla rápidamente, saqué también unas medias, cuando regresé mi vista a ella, estaba sentada en con las piernas cruzadas en la mitad de mi cama.
Me acerqué a ella y le pase las cosas, se colocó primero las medias y luego el saco, con delicadeza, libere el cabello que había quedado atrapado, pero en vez de quitar la mano inmediatamente, acaricié su mejilla.
-Gracias- susurró
-Nicolle- empecé- ¿qué paso hoy después de que nos vimos en la cafetería?
Fue como si hubiera presionado un interruptor, sus ojos se aguaron y bajo la mirada a sus manos que descansaban sobre sus piernas. Espere a ver si decía algo pero permaneció en silencio, me acerqué hasta sentarme a su lado, cuidadosamente puse dos dedos debajo de su barbilla y levanté su cara para encontrarme con su mirada. Sus ojos se veían aún más azules a consecuencia de las lágrimas, me partió el corazón verla así, estaba seguro de que Sebastián era el causante de todo, y quería poder partirle la cara. Nicolle parecía perdida y triste, no pude evitarlo y la abracé acercándola a mí, inmediatamente me rodeó el cuello y escondió su cara en mi pecho para luego comenzar a sollozar audiblemente. La estreché con fuerza, odiaba que llorara. La levanté con cuidado y la senté en mi regazo, acunándola, le acaricié el cabello y la dejé llorar sin interrumpirla.
-Hoy hable con Sebastián- susurró alejándose un poco y soltándose de mí. Su rostro estaba a mí misma altura y yo la mantenía cerca con mis manos en su cintura. Llevó su mano a su cara y retiró bruscamente las lágrimas intentando parecer fuerte, pero la voz le falló- No solo estuvo con Roxanne, en Colombia tenía otra chica
Me tensé debajo de ella e intenté tenerla más cerca, aun sabiendo que eso era imposible. Bajó la mirada y las lágrimas cayeron en sus piernas.
-¿Por qué lo hizo? No lo entiendo- volvió a mirarme como si yo pudiera darle una respuesta, y deseaba poder hacerlo, pero no podía ni imaginarme porqué ese cabrón la había lastimado así.
Coloqué mi frente contra la suya, Nicolle cerró los ojos, no sin que antes pudiera ver en ellos cuan herida estaba, mi mano seguía manteniéndola en su cintura y con la otra seguí acariciando su mejilla.
-Linda, no puedo decirte por qué lo hizo- limpié una lágrima que descendía por su mejilla- Sólo puedo decirte que es un imbécil que no lo vale.
Sollozó nuevamente y mordió su labio inferior para evitar que volviera a suceder. Estiré la mano para tomar la colcha y taparnos con ella. La acomodé mejor, volvió a quedar en mi regazo y apoyó su cabeza en mi pecho, pasé una mano por su espalda como si estuviera sosteniendo un bebe y volví a acariciar su cabello.
-No intentes hacerte la fuerte- murmuré- Puedes llorar si eso es lo que quieres
Los sollozos se hicieron más audibles, Nicolle estaba dejando salir todo lo que sentía, la apreté fuertemente, intentando demostrarle que yo estaba ahí para ella, cerré los ojos sin detener mis caricias, y la dejé llorar en mi pecho hasta que se quedó dormida.

Sólo por menos dos horas sigue siendo domingo, así que podemos decir que cumplí con lo que había dicho. Una parte de este capítulo la había escrito casi apenas comencé con la historia, así que es un capítulo que hace mucho quiero escribir, pero quería que quedara bien. Espero que les haya gustado.
Gracias a las que leen y comentan!
Las quiero!
PD: Si el querido cosmos me lo permite, la otra semana habrá capítulo nuevo.